lunes, 10 de octubre de 2011
I was blind but, baby, now I see.
Y un día, cuando menos te lo esperas, ¡pam!; se llena el teatro, se abre el telón y empieza la función. Tienes que dejar de saltar de felicidad, de sentir que te baila el corazón, de tener ganas de gritar muy alto que eres feliz y que los pilares de tu vida están perfectamente pegados al suelo, para empezar a tomar papel en una nueva obra, "Sonrisas (de día) y lágrimas (de noche)". Y te sabes el papel a la perfección; por la mañana te levantas y sales a la calle con una magnífica sonrisa, grande, muy grande porque no tiene derecho a saber que estás mal y por la noche lloras con la cabeza pegada a la almohada porque no quieres escucharte a ti misma. E incluso los sábados y festivos tienes que hacer doble función, "Sonrisas (de día), desfase (de noche) y lágrimas (de madrugada)". Y sigues así, esperando a que un día te canses y decidas abandonar o a que alguien te diga que ya es suficiente, que hay más vida aparte de este estúpido teatro.
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